lunes, 16 de febrero de 2009

Escorial


El pasado sábado estuve (estuvimos) de visita en El Escorial. Fue una visita no programada y no tenía una intención cultural. Me gusta El Escorial: ya no sólo el monasterio, si no también el pueblo, la gente, el ambiente. La calle arbolada paralela al lado este del monasterio/palacio tiene un aire antiguo, sobrio, como de lugar de veraneo de la aristocracia castellana. Hoteles de estilo principios de siglo en sus fachadas, portales de caballerizas, calles y edificios que muestran la concentración de trabajadores y soldados y sirvientes que exigía la Corte. En verdad, no sé si la aristocracia castellana vivía o veraneaba allí, pero, por supuesto, me refiero a épocas posteriores a las que se desde allí se gobernaban las Españas. Por entonces, cuando el "Imperio en el que no se ponía el sol" (en realidad, el principio de la ruina posterior de la Hacienda española) toda la corte estaba allí, alrededor del emperador. No sé exactamente por qué me gusta tanto; quizás tengo un alma castellana aún no siendo de la tierra.
Había hecho un día excelente y en El Escorial lucía el sol cuando llegamos, sobre las 4 de la tarde. El patio de armas frente a la entrada principal del monasterio estaba lleno de gente: turistas que entraban y salían de la visita, pero también había mucha gente que lo único que pretendía ese día era sentarse y tomar un poco el sol. Era un día propicio para ello y eso fue lo que hicimos nosotros también; sentarnos con la espalda apoyada contra la valla de piedra que rodea el recinto y disfrutar.
Hace algunos años hicimos una visita a El Escorial y en los sótanos había una exposición de cómo se construyó el edificio. La exposición era excelente y había maquetas que escenificaban las distintas fases de las construcción y se reproducían a escala las máquinas de poleas utilizadas, las herramientas,... Todo muy impresionante, diría que hasta conmovedor. Todo el conjunto de El Escorial me impresiona siempre mucho. Supongo que le pasa un poco a todo el mundo, pero pongo en el lugar a los personajes vestidos como en la época: soldados, monjes (sobre todo soldados y monjes, claro); e incluso imagino los sonidos de las espuelas de los caballeros y el relinchar de los caballos, las pisadas ingrávidas de los clérigos y confesores, etc... También "huelo" los olores... De hecho, emitiría una ley por la que todo visitante del recinto de El Escorial debería vestir como en la época, ir a caballo o en carreta; el pan se haría en hornos de leña, etc... Prohibiría, por supuesto, aparcar los coches en la misma plaza como en la actualidad.
En la plaza había mucha gente joven tomando el sol y no pude evitar preguntarme, quizás injustamente, cuántos de esos jóvenes conocen la historia de su país, de sus antepasados, de lo bueno y de lo malo que hicieron, de las gestas que lograron, de sus crímenes,... Veía macarrillas de sábado pegando acelerones a su moto (para mí, un sacrilegio), un chaval dándole toques a un balón de fútbol, una modelo y su fotógrafo montando una sesión de fotos, adolescentes haciendo carreras,...
Se fue el sol, comenzó a refrescar y nos fuimos. Siempre, de El Escorial, con una sensación de incomodidad, de que algo no funciona bien, que en realidad funciona muy mal. Y de que hay muchos culpables.
En fin, matando la tarde de un sábado.

JS

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